«Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» Mateo 4:4

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Lección 13 – El amor es el cumplimiento de la Ley

Mientras trataban con un feligrés problemático, alguien de la Junta de la iglesia dijo al pastor: «No podemos tomar decisiones basadas en la compasión». ¿No podemos? Al oír eso, el pastor se preguntaba qué concepto de Dios y de la Ley divina tenía esa persona. No cabe duda de que la compasión debe ser fundamental en nuestro trato con las personas, especialmente con las que se equivocan. La compasión es parte integral del amor y, como dice Romanos 13: 8, amar al prójimo es cumplir la Ley.
Si el amor es realmente el cumplimiento de la Ley, no debemos pensar en la Ley como si estuviera separada del amor o en el amor como si estuviera desconectado de la Ley. En la Escritura, el amor y la Ley son inseparables. El Legislador divino es amor y, por consiguiente, la Ley de Dios es la Ley del amor. Es, como dijo Elena G. de White: «La ley de Dios es el trasunto de su carácter» (Palabras de vida del gran Maestro, p. 251).
La Ley de Dios no es un conjunto de principios abstractos, sino mandamientos e instrucciones destinados a nuestro desarrollo. La Ley de Dios es, en su totalidad, una expresión del amor tal como Dios mismo lo expresa.

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Lección 12 – Amor y justicia: Los dos mandamientos más importantes

Si bien confiamos en que Dios pondrá finalmente en orden todas las cosas, sigue siendo importante lo que los cristianos hagamos aquí y ahora. Aunque pueden existir muchas injusticias y males que Dios no erradicará en el presente debido a los parámetros del Conflicto Cósmico, esto no significa que no podamos ser utilizados para ayudar a aliviar en lo posible cualquier sufrimiento y mal que encontremos.
Como hemos visto, el amor y la justicia son inseparables. Dios ama la justicia. Por consiguiente, si amamos a Dios, también amaremos la justicia.
Del mismo modo, si amamos a Dios, nos amaremos unos a otros. Parte del amor mutuo consiste en compartir la preocupación por el bienestar de quienes nos rodean. Cuando otros sufren pobreza, opresión o cualquier tipo de injusticia, debemos preocuparnos. Cuando otros son oprimidos, no debemos mirar hacia otro lado. Debemos preguntarnos qué podemos hacer para promover el amor y la justicia de Dios de manera que reflejemos en nuestro estropeado mundo el carácter perfectamente recto y amoroso de nuestro Señor.

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Lección 11 – ¿Qué más pude hacer?

Hace algunos años fue publicado en la revista Guide un cuento infantil muy perspicaz. La historia se centra en un niño huérfano llamado Denis, quien fue adoptado por una familia en la época medieval. Denis odia apasionadamente al rey de su tierra porque cuando sus padres se enfermaron los soldados del rey se los llevaron y nunca volvió a verlos. Mucho después supo que el rey los separó para evitar que las personas sanas padecieran los horrores de la peste negra. La verdad acerca del rey liberó a Denis del odio que había albergado casi toda su vida. El rey había actuado siempre y en todos los
casos por amor a su pueblo.
Hoy, muchas personas ven a Dios como Denis veía al rey. El mal que han presenciado o experimentado los lleva a odiar a Dios o a negar su existencia.
¿Dónde está Dios cuando hay sufrimiento? Si Dios es bueno, ¿por qué existe tanto mal? El Conflicto Cósmico arroja luz sobre esta cuestión crucial, pero quedan muchos interrogantes. Sin embargo, cuando todos nuestros intentos de respuesta no nos satisfacen, podemos mirar a Jesús en la Cruz y ver en él que es posible confiar en Dios a pesar de todas las preguntas que siguen sin respuesta.

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Lección 10 – Las reglas del Conflicto

Una poderosa narración que revela la naturaleza del Conflicto Cósmico se encuentra en 1 Reyes 18: 19 al 40, donde el Señor desenmascara a los llamados «dioses de las naciones» por medio de Elías en el Monte Carmelo.
Sin embargo, hay algo más detrás de bastidores acerca de estos «dioses» que el hecho de que sean meros productos de la imaginación pagana. Detrás de los «dioses» que las naciones vecinas de Israel adoraban, en realidad, había algo más.
«En vez de ofrecerle sacrificios a Dios, se los ofreció a los demonios, a dioses que nunca antes había conocido; a dioses nuevos, venidos de cerca, a los que sus padres nunca antes adoraron» (Deut. 32: 17, RVC). Pablo añade: «Lo que quiero decir es que los animales que ofrecen los no judíos, se ofrecen a los demonios, y no a Dios; y yo no quiero que ustedes tengan algo que ver con los demonios» (1 Cor. 10: 20, RVC)..
Detrás de los falsos «dioses» de las naciones había en realidad demonios disfrazados. Esto significa, entonces, que todos los textos de las Escrituras que se refieren a la idolatría y a los dioses extranjeros son textos acerca del Conflicto Cósmico.
Este trasfondo permite entender mejor el tema del Conflicto Cósmico, además de tener enormes implicaciones para comprender mejor la naturaleza de ese conflicto y cómo este arroja luz sobre el problema del mal.

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Lección 09 – El Conflicto Cósmico

El gran conflicto entre Cristo y Satanás está en el centro de la teología bíblica. Aunque la idea de un conflicto cósmico entre Dios y las criaturas celestiales que han caído y se han rebelado contra él es un tema destacado de las Escrituras (Mat. 13: 24-30, 37-39; Apoc. 12: 7-10) y también prevalece en gran parte de la tradición cristiana, muchos cristianos la han rechazado o descuidado por completo.
Sin embargo, desde una perspectiva bíblica, el tema de un conflicto cósmico en el que el Reino de Dios se opone al Diablo y sus ángeles, no es algo que podamos descuidar sin perder la esencia misma de las narraciones bíblicas.
Por ejemplo, los Evangelios contienen numerosas referencias al Diablo y a los demonios que se oponen a Dios.
Para empezar nuestro estudio correspondiente a esta semana, abordaremos cómo se podría responder a las siguientes dos preguntas sobre la base de algunos pasajes bíblicos cruciales:
(1) ¿Dónde enseña la Escritura que existe un conflicto cósmico entre Dios
y Satanás?
(2) ¿Cuál es la naturaleza de ese conflicto, según las Escrituras?

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Lección 08 – Libre albedrío, amor y providencia divina

Providencia es el término utilizado para describir la acción de Dios en el mundo. La forma en que pensamos acerca de la providencia de Dios marca una gran diferencia en cómo nos relacionamos con él y con los demás, y en cómo pensamos acerca del problema del mal.
Los cristianos tienen diversas concepciones acerca de la providencia divina.
Algunos creen que Dios ejerce su poder de tal manera que determina que todos los acontecimientos sucedan tal y como suceden, y que incluso decide quién se salvará y quién se perderá. Según este punto de vista, las personas no son libres de elegir otra cosa que no sea lo que Dios decreta. De hecho, quienes creen de esta manera argumentan que incluso los deseos humanos están determinados por Dios.
En contraste, la sólida evidencia bíblica muestra que Dios no determina todo lo que sucede, sino que concede a los seres humanos libre albedrío, hasta el punto de que ellos (y los ángeles) pueden elegir actuar directamente en contra de la voluntad divina. La historia de la Caída, del pecado y del mal es una expresión dramática y trágica de los resultados del mal uso del libre albedrío. El Plan de Salvación fue instituido para remediar la tragedia causada por ello.

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Lección 07 – El problema del mal

El mal es quizá el mayor problema al que se enfrenta el cristianismo: cómo conciliar el hecho de que Dios es perfectamente bueno y amoroso con la existencia del mal en el mundo. En pocas palabras, si Dios es bueno y todopoderoso, ¿por qué existe el mal y por qué existe en semejante escala?
No se trata de un problema meramente académico, sino de algo que preocupa profundamente a muchas personas y que impide a algunos llegar a conocer a
Dios y amarlo.
«Para muchos el origen del pecado y el porqué de su existencia es causa de gran perplejidad. Ven la obra del mal con sus terribles resultados de dolor y desolación, y se preguntan cómo puede existir todo eso bajo la soberanía de Aquel cuya sabiduría, poder y amor son infinitos. Es esto un misterio que no pueden explicarse» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, p. 483).
Muchos ateos señalan el problema del mal como la razón de su incredulidad. Pero, como veremos esta semana y en las próximas, el Dios de la Biblia es completamente bueno y podemos confiar en él, incluso a pesar del mal que infecta nuestro mundo caído.

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Lección 06 – El amor de Dios por la justicia

En el antiguo Cercano Oriente, los «dioses» de las naciones no solo eran volubles, inmorales e impredecibles, sino que también ordenaban atrocidades, como el sacrificio de niños. Incluso complaciéndolos, los pueblos paganos no podían contar con su favor, por lo que no se atrevían a disgustar a sus «deidades» tribales.
Según Deuteronomio 32: 17, detrás de tales «dioses» había demonios (ver también 1 Cor. 10: 20, 21). Sus formas de culto se prestaban al abuso, y sumían al pueblo en una gran oscuridad espiritual y moral.
El Dios de la Biblia es totalmente diferente de esas fuerzas demoníacas, ya que es perfectamente bueno y su carácter es inmutable. Solo en virtud de la bondad constante de Dios podemos tener esperanza ahora y para la eternidad.
En marcado contraste con los falsos dioses del mundo antiguo, e incluso con los «dioses» modernos, Jehová se preocupa profundamente por el mal, el sufrimiento, la injusticia y la opresión, todo lo cual condena de manera constante e inequívoca y hará desaparecer.

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Lección 05 – La ira del amor divino

La compasión de Dios es generalmente celebrada, pero a muchos les molesta la idea de su ira. Piensan que si Dios es amor nunca debería expresar ira. Sin embargo, esa idea es errónea, ya que su ira surge directamente de su amor.
Algunos afirman que el Dios del Antiguo Testamento es airado y que el del Nuevo Testamento es amoroso. Pero solo hay un Dios, y se revela como el mismo en ambos Testamentos. El Dios que es amor se enoja ante el mal precisamente porque él es amor. Jesús mismo expresó una profunda ira contra el mal, y el Nuevo Testamento registra numerosas veces la ira justa y apropiada de Dios.
La ira de Dios es siempre su respuesta justa y amorosa contra el mal y la injusticia. La ira divina es una justa indignación motivada por la bondad y el amor perfectos, y busca el bienestar de toda la Creación. La ira de Dios es simplemente la respuesta apropiada del amor al mal y a la injusticia. En consecuencia, el mal provoca la pasión de Dios en favor de las víctimas del mal y en contra de sus victimarios. La ira divina es, pues, otra expresión del amor divino.

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Lección 04 – Dios es apasionado y compasivo

A menudo se considera que las emociones son indeseables y deben evitarse.
Para algunos, son intrínsecamente irracionales y, por lo tanto, las personas de bien no deberían ser «emotivas». Según cierta escuela filosófica
griega de la antigüedad, la persona ideal era «racional», insensible a las pasiones y soberana sobre sus emociones mediante el raciocinio.
Las emociones desenfrenadas pueden ser problemáticas. Sin embargo, Dios nos creó con la capacidad de experimentar emociones. Además, él mismo es
retratado en las Escrituras como quien experimenta emociones profundas. Si es así, estas no pueden ser intrínsecamente malas o irracionales, pues el Dios
de la Biblia posee una bondad y una sabiduría perfectas.
Aunque hay hermosas verdades derivadas del hecho de que el amor de Dios por nosotros es profundamente emocional, no debe perderse de vista que ese
amor no es idéntico a las emociones humanas.

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