
Lección 04 – Testigos de Cristo como Mesías
Sin duda, Jesús proporcionó a la gente poderosa evidencia bíblica en respaldo
de sus afirmaciones acerca de sí mismo, incluyendo: “Les aseguro: El que
cree, tiene vida eterna” (Juan 6:47).
Pero hay más. Convirtió el agua en vino; alimentó a miles de personas con
unos pocos panes y peces; sanó al hijo del noble; restauró al hombre en el
estanque de Betesda; dio la vista al ciego de nacimiento; y resucitó a Lázaro.
El evangelista recurre a toda una serie de acontecimientos y personas (judíos,
gentiles, ricos, pobres, hombres, mujeres, gobernantes, plebeyos, cultos e in-
cultos) para que den testimonio de quién es Jesús.
Juan señala incluso al propio Padre y a las Escrituras como testigos de la
identidad del Maestro.
Esta semana comienza con el poderoso testimonio de Juan el Bautista. Tam-
bién aparecen en escena otros testigos: Andrés y Simón Pedro, Felipe y Natanael;
y un testigo inesperado, el fariseo Nicodemo. Pero hay otro testigo que perma-
nece en la sombra (ese otro discípulo con Andrés, en Juan 1:35, 40): el propio Juan.